La depresión es un estado emocional que forma parte del repertorio afectivo de todos los seres humanos (y de algunos animales). Es decir, todos, bajo unas determinadas condiciones, específicas para cada individuo, nos deprimimos. Aquí, al hablar de condiciones, me refiero a una combinación de factores externos e internos: a sucesos (pasados, presentes o futuros) de la realidad externa que son asimilados desde perspectivas internas.
¿Cuáles son las condiciones que generan un estado de depresión? Indudablemente, son innumerables las situaciones externas y varios los caminos internos que conducen a estar deprimido, pero todos ellos convergen en un punto: llevan a la persona a sentirse impotente y desesperanzada para la realización de un deseo de la máxima importancia. En coherencia con lo que vengo diciendo, la psicoterapia de la depresión que creo más eficaz debe integrar, de alguna manera, la identificación de las condiciones concretas que conducen a la persona a estar deprimida. La comprensión de estas condiciones incluirá respuestas a las siguientes preguntas: ¿Qué tipo de deseo vive la persona como irrealizable? ¿Por qué cree y siente que es irrealizable? ¿Por qué es de la máxima importancia?
Posteriormente, sobre la base de esta comprensión, será más factible modificar algún aspecto de las condiciones en las que se sostiene la depresión. Pongo un ejemplo para ilustrar la importancia de concretar las condiciones específicas de cada caso individual para llevar a cabo una acción terapéutica eficaz: Si alguien está deprimido porque está envejeciendo y con ello ve irrealizable el deseo (prioritario para esta persona) de tener una determinada imagen corporal, la propia de la juventud, saldrá de la depresión si sustituye ese deseo por uno que no sea imposible. En cambio, si una persona está deprimida porque cree que nunca tendrá pareja, la terapéutica no consistirá aquí, con toda probabilidad, en la sustitución del deseo, sino en poner los medios para su cumplimiento, empezando por ayudar a la persona a modificar la creencia en la irrealizabilidad del deseo, en este caso que nunca tendrá pareja.
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Psicoterapia por e-mail
Me gustaría presentar una
modalidad de psicoterapia que puede ser una buena opción para muchas personas:
La psicoterapia por e-mail con algunas sesiones presenciales.
Durante los últimos
años he venido utilizando, con algunos pacientes, el e-mail como complemento de
las sesiones de psicoterapia, teniendo la oportunidad de experimentar que
muchas cuestiones pueden ser abordadas de una manera efectiva a través de este
medio, mostrando incluso algunas ventajas.
El trabajo psicoterapéutico se
estructura, en términos generales, de la siguiente manera:
-
- - 1 ó 2 sesiones iniciales presenciales
- - 1 ó 2 e-mails semanales con sus consiguientes
e-mails de respuesta
- - 1 sesión presencial al mes
Desde mi punto de vista, la gran
ventaja que ofrece el medio escrito es que supone un contexto facilitador de la
función reflexiva, es decir, de la capacidad de las personas para pararse a
pensar sobre cómo actúan, sobre cómo sienten, sobre cómo piensan, capacidad que es, a la postre, uno de los
principales elementos en los que se basan los avances en el trabajo
psicoterapéutico.
Por su parte, la sesión mensual
ofrecerá la oportunidad de trabajar también en el contexto más favorable de las
sesiones presenciales, y, sobre todo, aportará la base de conocimiento mutuo
entre paciente y terapeuta para que ambos sepan con quién se están comunicando
por escrito.
¿Para qué personas puede ser esta
una buena opción? En primer lugar para toda aquella persona a la que le genere
confianza en cuanto a la obtención de buenos resultados esta propuesta de
trabajo. En segundo lugar será una buena
opción para aquellas personas con escasa disponibilidad temporal para asistir a
la consulta de un psicoterapeuta a unas horas prefijadas.Y también para
aquellas que quieran realizar un trabajo psicoterapéutico con un menor coste
económico (en torno al 50%), pero con ciertas garantías de que si se trabaja
bien se obtendrán resultados.
Psicoterapia para superar el divorcio o la separación
Es bien sabido que la ruptura del vínculo que supone una relación de pareja puede suponer para algunas personas un intenso sufrimiento emocional, quedando puesta en cuestión, incluso, la posibilidad de seguir viviendo sin la persona perdida. En situaciones de pérdida como esta, las personas podemos llegar a sentir que no somos nadie, sentirnos vacíos, deprimidos y angustiados por lo que nos deparará el futuro, a lo que a veces se suma el sentimiento de todo ha sido una farsa. Esto es así porque entendemos, muchas veces por el peso de la propia costumbre, que todo nuestro bienestar y equilibrio emocional dependen del hecho de poder disponer de la presencia de esta otra persona. No es extraño que en las separaciones una de las partes quede mucho más dañada que la otra; con mayores dificultades para rehacer su vida; con la sensación de que todo lo bueno se lo llevó la otra persona; y sumida en el dolor y los celos al constatar, por ejemplo, que la ex-pareja ya comparte su vida con alguien. Para estas personas propongo un trabajo basado en:
- La puesta en práctica de una serie de recursos concretos para salir cuanto antes del "infierno emocional" en el que se caído.
- La puesta en práctica de una serie de recursos concretos para salir cuanto antes del "infierno emocional" en el que se caído.
- Explorar, y si ha lugar modificar, la forma en que se han vinculado a la otra persona, llegando a perder el propio sentido de la individualidad al fusionarse con ella, y, en consecuencia, quedando rotos tras la separación.
- La mejora de la autoestima y la autoconfianza, y en el encuentro con uno mismo como individuo autónomo.
- Flexibilizar la capacidad de ver como buenas a otras personas y alternativas diferentes de lo perdido.
Si te encuentras en una situación como la que describo, ten en cuenta una cosa: por insoportable que pueda parecerte el dolor que sufres, por muy incierto que veas tu futuro, aunque no tengas ni una mínima confianza en tu propia capacidad para lograr que las cosas te vayan bien, NO TE DEJES ENGAÑAR POR LO INTENSO DE TODAS ESTAS SENSACIONES: ¡PASAN!. Y en muchas ocasiones la salida está mucho más cerca de lo que parece. Además, no descartes para nada que este proceso tan doloroso desemboque en una mejor situación vital que la que se daba con anterioridad a la ruptura.
¿Sirven las etiquetas diagnósticas en psicoterapia?
Cuando uno tiene la oportunidad de trabajar en un encuadre psicoterapéutico en el que le puede dedicar a la persona el tiempo que necesite, en el que se puede llegar a comprender con precisión las dificultades por las que ésta atraviesa, las etiquetas diagnósticas sobran. Prescindir de las etiquetas diagnósticas tiene el gran beneficio de no tener que cargar con la pesada losa que, en muchos casos, éstas suponen. Por un lado, la persona diagnosticada de una supuesta enfermedad mental puede asumir la identidad de enfermo, trastornado (ya que muchas de ellas son calificadas como trastornos), discapacitado, con lo que, de entrada, habrá empeorado su situación. Por otro lado, expresiones como “tengo o tienes una depresión, una anorexia, un trastorno obsesivo” dan a entender que la realidad etiquetada es algo ajeno a la persona, como una gripe, de lo que hay que librarse cuanto antes. Pues bien, lo que desde ciertos sectores de la Psiquiatría y la Psicología se etiqueta bajo la denominación de enfermedad mental, en unas ocasiones, no es más que una respuesta afectiva, en perfecto funcionamiento, a ver las cosas desde una determinada perspectiva. En otras, es el resultado de no haber podido completar el proceso de crecimiento, debido, sin duda, a que no se dispuso del medio más propicio para hacerlo. También puede consistir en una serie de estrategias y mecanismos apropiados para sobrevivir en un tipo de circunstancias, que, más adelante, resultan inadaptadas a nuevas situaciones, no pudiendo la persona prescindir de aquellas, ya que, en definitiva, es como ha aprendido a vivir (algo así como lo que les sucede a los que pasan un largo periodo luchando en una guerra y luego tienen que adaptarse a vivir en paz). Otras veces es el resultado de que no nos ponemos de acuerdo con nosotros mismos: una parte de nosotros hace, dice, piensa o siente unas cosas que a otra parte le parecen muy mal. Y, otras veces, es nuestra forma de ser.
Así como en medicina, las más de las veces, el diagnóstico es el primer paso para la curación, en psicoterapia no lo suele ser casi nunca. Conclusión: ¿Para qué ponerle una etiqueta a algo que tengo el tiempo que haga falta para describirlo con precisión? Luego, en ese proceso, sí se puede emplear el recurso expresivo de decir en una palabra, en una frase, cómo se siente uno, cómo define uno una determinada situación, y ahí sí que se gana comprensión.
Así como en medicina, las más de las veces, el diagnóstico es el primer paso para la curación, en psicoterapia no lo suele ser casi nunca. Conclusión: ¿Para qué ponerle una etiqueta a algo que tengo el tiempo que haga falta para describirlo con precisión? Luego, en ese proceso, sí se puede emplear el recurso expresivo de decir en una palabra, en una frase, cómo se siente uno, cómo define uno una determinada situación, y ahí sí que se gana comprensión.
Obsesiones y compulsiones
Las obsesiones son pensamientos, generalmente de contenido desagradable para la persona que las padece, que se repiten incesantemente pese a que ésta ponga toda su voluntad en no albergar dichos pensamientos. ¿O quizás sería más preciso decir que se repiten incesantemente precisamente porque la persona pone toda su voluntad en ello? Entonces las obsesiones son, más bien, el resultado de la lucha interna frente a unos pensamientos, imágenes o impulsos que la persona vive como ajenos a ella y por completo carentes de sentido. Pues bien, desde mi experiencia de más de catorce años trabajando con personas que habían visto su calidad de vida muy deteriorada por las obsesiones, pienso que la mejor manera de enfocar su tratamiento radica en ayudar a la persona a modificar esta perspectiva y que pueda entender que esos pensamientos no le son tan ajenos, que algo tienen que ver con su vida emocional y, a partir de ahí, tramitar dichas emociones de una manera no obsesiva.
Pongo un ejemplo: alguien a quien “le venga” el pensamiento de dañar a una persona querida puede preguntarse, por ejemplo, “¿qué problemas tengo con esta persona?”, lo que no implica que no se la quiera; bien es sabido que la mayor parte de los conflictos interpersonales surgen precisamente con los seres queridos.
Por su parte, las compulsiones son procedimientos, a veces dotados de un carácter mágico, destinados a lograr la certeza de que algo (indeseable) no va a suceder o de que algo (deseable) va a suceder, no pudiendo evitar la persona su realización, a veces sumamente penosa, por la angustia que conlleva sentir que ese algo va a suceder (o a no suceder). Una posibilidad, aunque hay otras, es que las compulsiones sirvan al fin de neutralizar, de alguna manera, las obsesiones. Por mi parte, desaconsejo los tratamientos destinados a erradicar sin más una compulsión, por molesta que sea. Esto supone no tener en cuenta que la compulsión está desempeñando una función para el sujeto. El tratamiento debe identificar ese algo deseable o indeseable a que me refería y ayudar a la persona a perseguir ese fin de una manera no compulsiva, es decir, fortaleciéndola para que pueda afrontar la vida sin la necesidad de tanta certeza. ¿Y cómo se consigue esto? Rebajando la angustia asociada.
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La Psicoterapia breve
Quisiera presentar una modalidad de psicoterapia que, teniendo en cuenta los tiempos que corren, en los que unas veces nos falta tiempo y otras dinero, pude ser la opción más adecuada para muchas personas: la psicoterapia breve. A grandes rasgos, se trata de llevar a cabo un trabajo psicoterapéutico significativo en un número limitado de sesiones, fijado en las primeras entrevistas. La psicoterapia breve cobra sentido si consideramos lo valioso de dos circunstancias sobre las que puede incidir el trabajo psicoterapéutico:
- El reestablecimiento del equilibrio anterior a una situación de crisis
- El hecho de que un pequeño cambio (deseable) pueda traer consigo otros muchos.
En efecto, el objetivo de una psicoterapia puede ser el reestablecimiento de las condiciones de equilibrio en las que vivía la persona con anterioridad a la crisis que le lleva a buscar ayuda, y esto, a veces, puede lograrse bastante rápido. Por otro lado, en muchas ocasiones, un pequeño cambio significativo puede invertir el sentido de determinadas tendencias disfuncionales, convirtiéndose así en el inicio de un funcionamiento más satisfactorio, y, como es obvio, un pequeño cambio también a veces puede lograrse bastante rápido.
La psicoterapia breve se basa, principalmente, en la focalización del trabajo que se lleva a cabo entre terapeuta y paciente a un número reducido de cuestiones, que deberán identificarse en el transcurso de las primeras sesiones. Conviene dejar bien claro que la psicoterapia breve no es adecuada para todo el mundo, debiendo valorarse en cada caso si es pertinente o no llevarla a cabo.
- El reestablecimiento del equilibrio anterior a una situación de crisis
- El hecho de que un pequeño cambio (deseable) pueda traer consigo otros muchos.
En efecto, el objetivo de una psicoterapia puede ser el reestablecimiento de las condiciones de equilibrio en las que vivía la persona con anterioridad a la crisis que le lleva a buscar ayuda, y esto, a veces, puede lograrse bastante rápido. Por otro lado, en muchas ocasiones, un pequeño cambio significativo puede invertir el sentido de determinadas tendencias disfuncionales, convirtiéndose así en el inicio de un funcionamiento más satisfactorio, y, como es obvio, un pequeño cambio también a veces puede lograrse bastante rápido.
La psicoterapia breve se basa, principalmente, en la focalización del trabajo que se lleva a cabo entre terapeuta y paciente a un número reducido de cuestiones, que deberán identificarse en el transcurso de las primeras sesiones. Conviene dejar bien claro que la psicoterapia breve no es adecuada para todo el mundo, debiendo valorarse en cada caso si es pertinente o no llevarla a cabo.
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